El 27 de agosto de 1942, a las oficinas de la redacción del periódico “Excelsior”, se presentó un grupo de vecinos de San Jerónimo Aculco, Distrito Federal, México, de quienes la nota periodística no da sus nombres, ellos acudieron ahí para señalar que al pueblo del que provenían, ubicado en la Delegación La Magdalena Contreras, le sería cambiado su nombre en una fastuosa e internacional ceremonia, por lo que a partir del próximo 30 de agosto, a las 15:00 horas, la localidad localizada a 15 kilómetros al suroeste de la Ciudad de México se le conocería internacionalmente como “San Jerónimo Lídice”, en lugar de San Jerónimo Aculco, como había sido conocida por más de 400 años.
Esos vecinos estuvieron con el Lic. Gómez Esqueda, Jefe de la Oficina de Acción Cívica del Departamento del Distrito Federal, se habían reunido con él para tratar de convencer a través de él al Regente del Distrito Federal, Javier Rojo Gómez, al Secretario de Gobernación Miguel Alemán Valdez y al mismo Presidente de la República, General Manuel Ávila Camacho, de que el pueblo del de San Jerónimo Aculco conservara su identidad forjada a través de los siglos.
El acuerdo logrado con el funcionario capitalino significó conservar el nombre del patrono de la localidad, San Jerónimo, que trajeron consigo los conquistadores y evangelizadores ibéricos, sin embargo, implicó perder la toponimia náhuatl “Aculco”, con la que se denominó al asentamiento prehispánico ubicado entre el pie de la Sierra de las Cruces y el borde del pedregal del volcán Xitle.
Los vecinos se apersonaron con el Lic. Gómez Esqueda debido a que a través de la edición del periódico Excelsior del 26 de agosto se enteraron de la noticia de que cambiaría de nombre la localidad de la que ellos eran originarios, el nuevo nombre que se impondría a su comunidad es el que llevaba el pueblo checoslovaco que había sido masacrado, y prácticamente borrado del mapa por las fuerzas hitlerianas el 10 de junio de 1942, apenas dos meses y medio atrás.
Ese pueblo tenía características similares al entonces San Jerónimo Aculco, una comunidad pequeña, medianamente separada de la capital checoslovaca, el número de sus habitantes y la vocación de los mismos la hacían semejante a este pueblo enclavado en el Distrito Federal, de ahí que resultara el elegido para que fuera la localidad que perpetuara el nombre de Lídice en nuestro país.
En otros países aliados en el conflicto bélico mundial también se había adquirido el compromiso de renombrar “Lídice” a algún poblado con similares características, es el caso que un mes después del genocidio nazi en contra del original Lídice de la antigua región de Bohemia, exactamente el 12 de julio de 1942, ya se había impuesto el mismo nombre a una localidad de la región industrial de Illinois, en Estados Unidos.
El plan de los países aliados era que con un mes de diferencia en cada país contrario a las naciones del eje fuese resurgiendo una aldea Lídice más, como una forma de perpetuar la condena y el escarnio en contra de ese acto de barbarie, es por ello que después de la ceremonia en México, se replicaría lo propio en Canadá y, posteriormente con el mismo intervalo, se harían eventos similares en las naciones de Centro y Sudamérica.
El cambio de nombre obedecía a una estrategia ideológica internacional de la que era cooparticipe el Gobierno de México, pero en la cual no estaban considerados los habitantes de San Jerónimo Aculco, de ahí que la noticia que comenzó a difundirse el 25 de agosto en la Ciudad de Nueva York, Estados Unidos, por la agencia Asociated Press, apenas 5 días antes de la fecha prevista, los tomó por sorpresa, a pesar de que a esas alturas ya estaba detallado perfectamente el orden del día de la ceremonia.
La versión periodística señala que los vecinos que se hicieron presentes en la redacción de Excelsior manifestaron que, al enterarse por el periódico de que se cambiaría de nombre a su poblado, “...se sintieron alarmados, pero que deseosos de no poner trabas al deseo de las autoridades, solicitaron que solamente se cambie el nombre de la población en el apelativo y que quede San Jerónimo Lídice, en vez de Aculco”
La ceremonia de cambio de nombre transcurrió tal y como había sido previsto, los oradores principales en el acto fueron el Secretario de Gobernación de México, que habló a nombre del Presidente de México, así como el Vicepresidente de los Estados Unidos, Henry A. Wallace, que participó desde Washington a control remoto a través de un mensaje radiofónico trasmitido en vivo por la radiodifusora NBC a nombre de T Roosevelt, Presidente de aquella Nación, a su vez, la declaratoria formal de cambio de denominación fue el Regente del Distrito Federal. El evento denominado “Lídice, México” tal como estuvo previsto, se trasmitió en vivo más allá de las fronteras mexicanas por la empresa señalada.
La ceremonia calificada como de resonancia, imponente, e inusual por la prensa tuvo como escenario las escalinatas de la Escuela Superior de Guerra que recientemente se había asentado en el Pueblo de San Jerónimo Aculco. Estas instalaciones militares ocuparon terreno e instalaciones de un antiguo convento josefino.
En la ceremonia también participaron representantes del movimiento lombardista, miembros de la colonia checoslovaca encabezados por el embajador de esa nación en México, las señoritas de esa comunidad vistieron a la usanza bohemia, en tanto un grupo de mujeres jóvenes mexicanas hicieron presencia portando el traje de china poblana. A nombre del sector femenil dirigió un mensaje la señorita Hortensia Rojo, y a nombre de los obreros mexicanos lo intervino el Sr. Felipe Ordoñez, no se menciona la presencia activa de algún vecino más o menos sobresaliente de la comunidad anfitriona.
Además de elogios por el segundo rebautizamiento de la comunidad –el nombre primigenio fur Aculco y del primer rebautizamiento surgió San Jerónimo Aculco- también hubo críticas, una de ellas se hace en la columna editorial “Nuestra Ciudad” de Excelsior que escribió el Sr. Rafael García Granados.
El articulista señala, en primer término, lo extraño del origen de la noticia, Nueva York, a pesar de que se trate de un tema de la misma capital de México. Posteriormente critica el interés constante y decidido de los mexicanos de cambiar nombres que a fuerza de generaciones deben grabarse en el espíritu de la Nación, lo que lejos de contribuir a engrandecernos como Nación, nos perjudica, ya que señala: “...La patria se hace a fuerza de tradición y la que llega más fácilmente a los oídos y al alma del pueblo es la de sus lugares y sus héroes”.
Remata la sección de su columna denominada ¿Le dirán Lídice a San Jerónimo? Que dedicó el 31 de agosto de 1942, en la primera sección del diario señalado, con la siguiente pregunta: ¿en qué lugar del mundo cambian sus nombres propios y tradicionales por otros extranjeros, so pretexto de cualquier catástrofe, o acontecimiento más o menos significado, ocurrido en una nación distinta?”. Él mismo se contesta: “No tengo más noticia que las que se refieren a la nomenclatura de nuestras calles, desacreditada y vituperada en todas partes.”
Han transcurrido 69 años desde ese 30 de agosto, a la comunidad resultante, denominada desde entonces San Jerónimo Lídice, algunos se obstinan en llamarle colonia, pocos se acuerdan que como pueblo existente antes de la colonización española se denominó Aculco, y que ahora, una determinación absurda del Instituto Electoral del Distrito Federal pretende segmentar por la mitad en dos porciones a las que denomina San Jerónimo Lídice I y San Jerónimo Lídice II.
No obstante que son pocos esos 69 años pasados hasta ahora, en comparación con los más de 4 siglos que perduró conservando su toponimia náhuatl, es demasiado el daño causado a nuestra identidad. Hoy, para las autoridades del Distrito Federal y para las nuevas generaciones el San Jerónimo Aculco que conocen es la colonia que se encuentra al sur de nosotros, de la que nos separaba la barranca El Rosal, sobre la que se construyó la Av. Luis Cabrera, vialidad amenazada de ser ampliada para dar paso a la Supervía Poniente, la primer autopista urbana de peaje que, de construirse, uniría las autopistas de Toluca, Cuernavaca y Querétaro. Estamos a tiempo de impedirlo y de recuperar nuestro nombre, San Jerónimo Aculco – Lídice.
¿Qué nos espera para retomarlo?
Manuel Martínez Salazar

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